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Los gatos podrían convertirse en aliados terapéuticos para niños con discapacidades del desarrollo, según un estudio

08.08.2026

Los gatos domésticos podrían desempeñar un papel mucho más activo en el bienestar de niños con discapacidades del desarrollo de lo que tradicionalmente se ha considerado. Una investigación realizada en Estados Unidos encontró que un programa de entrenamiento asistido por gatos ayudó a fortalecer el vínculo entre los menores y sus animales de compañía, además de fomentar mayores responsabilidades de cuidado.

El estudio fue dirigido por Monique Udell, de la Universidad Estatal de Oregón, junto con Delaney Frank, Saethra Darling, Kristen Moore, Kristyn Vitale y Megan MacDonald. Los resultados fueron publicados en la revista científica Animals y contaron con financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Un programa diseñado para niños y gatos

La investigación parte de una realidad poco explorada: durante años, la terapia asistida con animales se ha concentrado principalmente en perros y caballos, mientras que el potencial de los gatos como compañeros activos en este tipo de intervenciones ha recibido mucha menos atención.

Para estudiar esta posibilidad, las científicas desarrollaron el programa CAT, siglas en inglés de “Entrenamiento Asistido por Gatos”, dirigido a niños con discapacidades del desarrollo.

El objetivo era determinar si el entrenamiento podía promover hábitos saludables, aumentar la participación de los niños en el cuidado de sus mascotas y fortalecer la relación entre ambos. También se buscó conocer si la intervención tenía efectos positivos en el comportamiento y la seguridad de los propios gatos.

Seis semanas de entrenamiento

El estudio involucró a 36 parejas formadas por niños y sus respectivos gatos, reclutados en el noroeste del Pacífico de Estados Unidos.

Los participantes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Uno realizó el programa CAT, mientras el segundo permaneció inicialmente en una lista de espera.

La intervención consistió en seis sesiones de 45 minutos, realizadas semanal o quincenalmente en espacios acondicionados para que los gatos pudieran sentirse cómodos y seguros.

Durante las sesiones, los niños aprendieron a interpretar el lenguaje corporal de sus mascotas y a interactuar con ellas de manera apropiada. También recibieron entrenamiento basado en refuerzo positivo, mediante el cual enseñaron a los gatos conductas como sentarse, acudir cuando eran llamados o seguir un objeto con la mirada.

El programa también incluyó actividades para realizar en casa, con el propósito de que los menores conocieran mejor las preferencias de sus mascotas y asumieran una mayor participación en su cuidado.

Más responsabilidad y cercanía

Los resultados mostraron que los niños que participaron en el programa asumieron mayores responsabilidades relacionadas con el cuidado de sus gatos y reportaron un incremento en las actividades realizadas junto a ellos.

Los investigadores también observaron cambios en los animales. Durante las primeras seis semanas, los gatos que participaron en el programa mostraron una mayor tendencia a buscar la cercanía de los niños, lo que fue interpretado como un posible aumento de la sociabilidad.

Uno de los resultados más llamativos apareció un año después. Seis gatos del grupo que participó en CAT pasaron de presentar un patrón de apego considerado inseguro a uno seguro hacia los niños.

Ese cambio no fue observado entre los animales que formaron parte del grupo de control.

Los resultados se mantuvieron hasta un año después

La investigación también destacó el alto nivel de participación de las familias. La asistencia al programa alcanzó el 100 %, mientras que el cumplimiento promedio de las actividades asignadas para realizar en casa fue del 81 %.

Las evaluaciones se realizaron antes de comenzar el programa, seis semanas después de su finalización y nuevamente un año más tarde.

La permanencia de algunos cambios a largo plazo fue uno de los aspectos que llamó la atención del equipo científico, especialmente en lo relacionado con el vínculo entre los niños y sus gatos.

Un resultado prometedor, pero todavía preliminar

Pese a los resultados positivos, las investigadoras señalaron que el estudio tiene limitaciones importantes.

La principal es el tamaño reducido de la muestra: solo participaron 36 parejas de niños y gatos. Por esta razón, los hallazgos deben considerarse una primera evidencia y no una demostración definitiva de que este tipo de programas funciona en todos los casos.

Además, los participantes conocían el grupo al que pertenecían, una circunstancia que pudo influir en las respuestas de los cuestionarios.

Los investigadores consideran necesario repetir el estudio con un número mayor de participantes y en diferentes comunidades para determinar qué componentes de la intervención son los responsables de los cambios observados.

Los gatos abren una nueva línea de investigación

El trabajo plantea una posibilidad que hasta ahora había recibido poca atención: los gatos que viven en los hogares podrían convertirse en participantes activos de determinadas intervenciones asistidas con animales, siempre que las actividades respeten sus necesidades y características.

Las próximas investigaciones buscarán determinar qué prácticas concretas —como respetar las señales del animal, establecer rutinas de cuidado o realizar actividades conjuntas— tienen mayor impacto en la relación entre niños y gatos.

También existe interés en estudiar los posibles beneficios físicos de compartir actividades con estos animales, incluidos los paseos y otras formas de movimiento, un campo que, según las investigadoras, todavía ha sido poco explorado.

Los resultados no significan que todos los gatos puedan desempeñar una función terapéutica ni que sustituyan intervenciones profesionales. Sin embargo, sugieren que, con un entrenamiento adecuado y respetando el bienestar del animal, los gatos domésticos podrían tener un papel más activo en programas destinados a favorecer el desarrollo y la calidad de vida de algunos niños.

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