
04.08.2026
La mente humana puede volver una y otra vez sobre los mismos pensamientos negativos, especialmente cuando una situación queda sin resolver. Este fenómeno es conocido como rumiación y ha sido estudiado ampliamente en el ámbito de la psicología.
La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, de la Universidad de Yale, definió este comportamiento como una tendencia a concentrar la atención de manera pasiva y repetitiva en los síntomas del malestar, así como en sus posibles causas y consecuencias, sin avanzar hacia una solución activa.
Cuando este patrón se vuelve frecuente, puede afectar el estado de ánimo y contribuir al aumento de la ansiedad y la depresión. Aunque la rumiación no constituye por sí misma un diagnóstico independiente dentro del DSM-5, puede presentarse asociada a diferentes problemas de salud mental.
¿Cómo identificar la rumiación?
La rumiación ocurre cuando una persona queda atrapada en un ciclo de pensamientos que se repiten constantemente, relacionados con errores del pasado, conflictos personales, relaciones, problemas de salud o situaciones que generan preocupación.
Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic, explicó que tener pensamientos negativos es normal. La diferencia está en cuánto tiempo permanecen en la mente y en la dificultad para dejarlos pasar.
El problema es que la rumiación puede dar la sensación de que se está analizando una situación para encontrar una respuesta, cuando en realidad se está repitiendo el mismo razonamiento sin llegar a una conclusión.
La especialista comparó este proceso con caminar de un lado a otro de una habitación: existe movimiento y esfuerzo, pero no necesariamente se produce un avance.
Cinco estrategias para interrumpir el ciclo
La Cleveland Clinic plantea algunas estrategias que pueden ayudar a romper este patrón de pensamiento:
1. Practicar atención plena o mindfulness.
La atención plena permite reconocer una sensación o pensamiento incómodo sin tratar inmediatamente de modificarlo o juzgarlo. El objetivo es recuperar la atención sobre el momento presente.
2. Cambiar de actividad.
Realizar una actividad que involucre tanto al cuerpo como a la mente puede ayudar a desviar la atención. Caminar, ordenar un espacio, cocinar o desarrollar alguna actividad creativa son algunas alternativas.
3. Cuestionar los pensamientos.
Las técnicas de la terapia cognitivo-conductual pueden ayudar a identificar pensamientos automáticos y comprobar si se están interpretando suposiciones como hechos. Preguntarse qué evidencia existe para sostener una determinada conclusión puede contribuir a poner los pensamientos en perspectiva.
4. Escribir los pensamientos.
Anotar las ideas recurrentes puede ayudar a exteriorizarlas y tomar distancia de ellas. Incluso guardar posteriormente el papel en un lugar determinado puede funcionar como una forma simbólica de separar a la persona de aquello que está pensando.
5. Establecer un horario para preocuparse.
En lugar de intentar eliminar inmediatamente los pensamientos, una persona puede reservar un momento específico del día para analizarlos. Esta estrategia permite posponer la rumiación y continuar con las actividades cotidianas.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Si los pensamientos repetitivos comienzan a interferir con el trabajo, los estudios, las relaciones personales, el descanso o las actividades diarias, puede ser recomendable consultar a un profesional de la salud mental.
La terapia puede ayudar a identificar las causas y los factores que desencadenan la rumiación, además de proporcionar herramientas para responder de una manera diferente a los pensamientos recurrentes.
En algunos casos, cuando existen condiciones como ansiedad o depresión, un profesional puede considerar otras alternativas de tratamiento. Por ello, la evaluación individual resulta importante para determinar qué tipo de atención puede ser adecuada.
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