
19.09.2026
El cortisol es una hormona esencial para el funcionamiento del organismo. Participa en la regulación de la glucosa, la presión arterial, la respuesta inflamatoria y el metabolismo de los alimentos. Sin embargo, cuando el cuerpo permanece expuesto a niveles excesivos de cortisol durante un periodo prolongado, puede desarrollarse un trastorno hormonal conocido como síndrome de Cushing.
En redes sociales ha ganado popularidad el término “cara de cortisol”, utilizado para describir un rostro más redondeado o hinchado. Aunque determinados cambios en la distribución de la grasa y la retención de líquidos pueden aparecer cuando existe un exceso sostenido de cortisol, una modificación en el rostro por sí sola no permite diagnosticar este trastorno.
¿Qué ocurre cuando el cortisol permanece elevado?
El síndrome de Cushing, también llamado hipercortisolismo, aparece cuando los tejidos del organismo están expuestos durante mucho tiempo a cantidades excesivas de cortisol.
El cortisol es producido por las glándulas suprarrenales y cumple funciones necesarias para mantener la presión arterial, regular la glucosa, controlar la inflamación y ayudar al organismo a utilizar los nutrientes como fuente de energía. Sus niveles también varían naturalmente durante el día: suelen ser más elevados al despertar y disminuir durante la noche.
El problema se presenta cuando la producción o exposición a esta hormona es excesiva y persistente.
Entre los cambios físicos que pueden aparecer se encuentra una mayor acumulación de grasa en el tronco y el rostro, mientras que los brazos y las piernas pueden verse más delgados. También puede aparecer un aumento de volumen en la base del cuello o una acumulación de grasa entre los hombros.
A estos cambios pueden sumarse piel más fina, aparición de moretones con facilidad y estrías anchas de color púrpura, especialmente en el abdomen, las caderas, los senos y las axilas.
Otros síntomas que pueden acompañar al exceso de cortisol
El síndrome de Cushing puede manifestarse de distintas maneras y los síntomas suelen aparecer progresivamente. Entre los signos descritos se encuentran:
- Aumento de peso y acumulación de grasa principalmente en el tronco.
- Rostro más redondeado.
- Debilidad muscular.
- Presión arterial elevada.
- Niveles altos de glucosa.
- Cansancio y cambios en el estado de ánimo.
- Piel fina y aparición frecuente de moretones.
- Estrías anchas de color púrpura.
- En mujeres, crecimiento excesivo de vello y menstruaciones irregulares o ausentes.
- En hombres, disminución de la fertilidad, del deseo sexual o disfunción eréctil.
- En niños, aumento de peso acompañado de un crecimiento más lento de lo esperado.
No obstante, muchos de estos síntomas también son frecuentes en personas que no tienen síndrome de Cushing. Por eso, la presencia aislada de aumento de peso, hipertensión, cansancio o cambios en el estado de ánimo no es suficiente para establecer un diagnóstico.
Los medicamentos pueden ser una causa frecuente
Una de las causas más habituales del síndrome de Cushing es el uso prolongado de glucocorticoides en dosis altas, medicamentos similares al cortisol que se utilizan para tratar diferentes enfermedades inflamatorias y autoinmunes.
Cuando el exceso de cortisol no está relacionado con medicamentos, puede deberse a una producción excesiva dentro del organismo. Entre las posibles causas se encuentran algunos adenomas de la hipófisis que producen demasiada hormona ACTH, tumores de las glándulas suprarrenales y, con menor frecuencia, tumores ubicados en otras partes del cuerpo que producen ACTH.
Identificar el origen del exceso hormonal es importante porque el tratamiento depende de la causa.
El diagnóstico requiere pruebas médicas
El exceso de cortisol no puede confirmarse observando el rostro ni mediante un único análisis. Ante una sospecha médica, primero se revisa si la persona utiliza glucocorticoides y posteriormente pueden realizarse pruebas específicas.
Entre ellas se encuentran la medición del cortisol libre en una muestra de orina recolectada durante 24 horas, el cortisol salival nocturno y la prueba de supresión con dexametasona.
Una vez confirmado el exceso de cortisol, los especialistas pueden medir los niveles de ACTH y realizar otros estudios para determinar su origen.
El tratamiento puede incluir una reducción gradual de los medicamentos con corticoides cuando estos son la causa, siempre bajo supervisión profesional. Dependiendo del origen del trastorno, también pueden utilizarse medicamentos específicos, cirugía o radioterapia.
Por esta razón, los especialistas recomiendan no suspender por cuenta propia los tratamientos con esteroides, ya que cualquier modificación de la dosis debe realizarse bajo indicación médica.
La llamada “cara de cortisol” puede coincidir con uno de los cambios físicos asociados al hipercortisolismo, pero una apariencia facial determinada no significa necesariamente que exista un exceso de cortisol. La evaluación médica y las pruebas hormonales son las que permiten determinar si existe realmente un trastorno.
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