Honduras entra en la recta final de su proceso electoral, a horas de que venza el plazo legal para que se oficialicen los resultados de las elecciones generales del 30 de noviembre, en un escenario marcado por un ajustado resultado presidencial, denuncias de fraude, retrasos en el escrutinio y acusaciones de injerencia de Estados Unidos.
Con el 99,93 por ciento de las actas escrutadas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró el 24 de diciembre como ganador al conservador Nasry ‘Tito’ Asfura, del Partido Nacional, con el 40,27 por ciento de los votos, apenas 0,74 puntos porcentuales por delante de Salvador Nasralla, del Partido Liberal.
Esa mínima diferencia desató impugnaciones, obligó a abrir un escrutinio especial de casi 2.800 actas y mantiene a la autoridad electoral avanzando contra reloj para proclamar a los vencedores de los restantes cargos en disputa —alcaldes y diputados—, ya que por ley tiene plazo hasta el 30 de diciembre para oficializar los resultados completos.
Estas son algunas claves del proceso electoral más polémico que ha vivido Honduras:
Un “empate técnico” que desató la desconfianza
Tras la jornada de votación, marcada por el civismo y la tranquilidad, la mínima diferencia entre Asfura y Nasralla, mantuvo en vilo a los aspirantes y aumentó la incertidumbre en Honduras.
Esta estrechez de resultados, sumada al retraso en su divulgación, las amenazas contra dos consejeras del CNE y las divisiones internas, debilitaron la credibilidad del organismo electoral.
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