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El hermoso municipio de Siguatepeque, Comayagua celebra el 25 de enero su feria patronal en honor a San Pablo

El fresco y encantador municipio de Siguatepeque tiene el honor de invitarte a su feria patronal en honor a San Pablo en su día 25 de enero, te esperamos para que formes parte de cada actividad y disfrutes junto a tu familia y amigos.

Historia

El actual emplazamiento de Siguatepeque era habitado por indígenas de la etnia Lenca, que vivían de casas de paja yen la ribera de los ríos y riachuelos. De este grupo humano han sido hallados algunos utensilios como piedras de moler, vasijas, jarrones, ollas, objetos de adornos para sala, imágenes de deidades de diferentes formas y tamaños.

El 7 de diciembre de 1537, el adelantado Alonso de Cáceres recorrió el poblado con sus huestes españolas, encontrando indígenas habitando en las faldas y sabanas aledañas al cerro Calanterique y también en las orillas de los riachuelos: Guique y Guaratoro. Según el Padre Vallejo; Siguatepeque se cree fue fundada inicialmente por indios de origen Lenca, por el año de 1689. Ya para el año de 1788, Siguatepeque formaba parte de un curato de seis cofradías y contaba con las siguientes aldeas: Jaitique, Meambar y Taulabé. Hay dos padrones del curato de Siguatepeque en el Archivo Eclesiástico de Comayagua, con fecha de 1796.

El libro de registro más antiguo de la época que se ha encontrado data de 1850, formando este, parte del archivo de la municipalidad. El 14 de abril de 1861 se le dio a Siguatepeque la categoría de municipio del departamento de Comayagua.Inicialmente se le dio el nombre de San José de Siguatepeque. Para el año de 1889 pierde como municipio la aldea de meambar, la que se constituye a su vez en municipio. Ese mismo año (1889), Siguatepeque se convierte en capital religiosa del país al instalarse en el lugar el Obispo de Honduras, Fray Manuel Francisco Vélez, quien había adquirido el inmueble del que fue el antiguo edificio del Instituto Genaro Muñoz Hernández, el cual era en esos tiempos, casa de retiro para los sacerdotes de su parroquia.

 

Gobierno Municipal 2014-2018 Municipalidad de Siguatepeque

En 1847, la población cuenta ya con su primer Gobierno Municipal, presidido por don Juan Francisco Martínez, esto fue en tiempos que ocupó la presidencia de la república el Doctor Juan Lindo, cuando la ciudad de Comayagua era la capital de Honduras.

El 9 de abril de 1926 el Congreso Nacional le confiere el título de Ciudad, siendo Presidente de Honduras, el Doctor Miguel Paz Barahona y don Darío Velásquez Castellanos, fungiendo como alcalde de la ciudad, siendo su Síndico don Domingo Meza Discua.

 

Turismo

Por su clima,estar ubicada geográficamente en el centro del país y por todas las facilidades que ofrece, se ha venido convirtiendo en una zona atractiva para el turismo y las inversiones.

El municipio de Siguatepeque, conocido popularmente como la Ciudad de los Pinares, se encuentra en una meseta privilegiada por su ubicación en el centro del país a tan solo 118 kilómetros de Tegucigalpa y a 134 de San Pedro Sula.

Por su estratégica ubicación y por gozar de un clima fresco incomparable, su atractivo de naturaleza es uno de sus atractivos ya que actualmente puedes acampar, realizar canopy, senderiso.

Esta es una parada de descanso de quienes por diferentes motivos circulan por esta carretera.

Tras su llegada puede comenzar su recorrido por el centro de la ciudad, apreciar su antigua iglesia San Pablo. Ademas del parque central, su plaza moderna donde se realizan un sin fin de actividades folklóricas. Entre las cuales se encuentran las danzas modernas y culturales.

Diversas actividades en Siguatepeque

A su vez los turistas pueden realizar un paseo por el Parque Ecológico experimental San Juan. En este se aprecian sus viveros y caminar por sus diferentes senderos. Tales como el túnel del bambú y de las tortugas o cruzar por el puente de hamaca.

Y si lo que busca es deleitar su paladar puede disfrutar de los diferentes dulces que produce Siguatepeque. Como también los famosos alcitrones, batidos de dulce, rosquillas y tustacas.

Y de paso comprar un recuerdo de tan bella ciudad, hecho de barro con diferentes texturas y diseños, elaborado por manos de los mismos pobladores.

 

San Pablo

Pablo fue un fascinado, un enamorado de la persona de Cristo. Encontrarse con Jesús Resucitado fue la experiencia más grande, profunda y decisiva de su vida. Experiencia de gozo, de amor y de libertad. Cristo rompió la losa del sepulcro de su orgullo y autosuficiencia, que era propia de los fariseos, y le resucitó por dentro. En adelante sentirá la necesidad de evangelizar: «¡Ay de mí si no evangelizare!» (1 Cor 9,16); “Me empuja el amor de Cristo” (2 Cor 2,14). Apasionado por la Verdad, ya la predica en Arabia y en Damasco y se conmueve hasta las lágrimas ante una ciudad incrédula o idólatra. Predica la verdad desnuda de todo ornato humano, y la predica a tiempo y a destiempo (2 Tim 4,2). Sus sufrimientos, que sabe que son valiosísimos, pues en ellos participa todo el cuerpo, corazón que padece y llora, voluntad que acepta y ofrece, y la fe que aquilata el mérito, son principalmente las puertas que abren las puertas al evangelio por todas partes: «Nunca fueron mis móviles ni la ambición ni la avaricia, ni el afán de gloria humana… Fuimos todo bondad en medio de vosotros. Como una madre cuida cariñosamente a sus hijos, así, en nuestra ternura por vosotros, hubiéramos querido entregaros, junto con el evangelio, nuestra propia vida. ¡Tan grande era nuestro amor por vosotros! Recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas: día y noche trabajábamos, para no ser gravoso a ninguno de vosotros mientras os anunciábamos el evangelio de Dios» (1 Tesa 2,5).

Una característica singular de Pablo es que “Se complace en sus debilidades, porque cuanto más débil soy, soy más fuerte” (2 Cor 12,10). Está convencido de que su fuerza tiene las raíces en la flaqueza. No era elocuente, ni tenía presencia retadora, era débil en las persecuciones, lleno de mansedumbre en el gobierno de las almas, y predicaba verdades repugnantes a contracorriente a los no creyentes y también a los creyentes. Pero estaba convencido de su fuerza venía de Dios y que con sus sufrimientos suplía lo que faltaba a la pasión de Cristo (Col 1,24). Y por encima de todo, estaba colmado de amor: “¿Quién enferma y no enfermo yo? ¿Quién se escandaliza y yo no ardo?”(2 Cor 11,29). Padeció torturas espirituales, defección de sus evangelizados, persecuciones, abandonos, soledad. Y a pesar de todo, está alegre, “aunque triste, pero enriqueciendo a muchos” (2 Cor 7,4) y a los Filipenses les recomienda la alegría cuando está en la cárcel. El poeta Ovidio, desterrado escribió sus obras tituladas Tristia, y paradójicamente Pablo escribe el “Gaudete, iterum dico, gaudete”, encarcelado. La razón está en que las páginas brotan de manantiales diferentes. Pablo era hombre de oración, de acción de gracias y de peticiones y esperanzas, sabía que sembraba con lágrimas pero esperaba la cosecha entre cantares y como ha escrito Bergson, la alegría anuncia siempre la vida que ha triunfado.

Hay que haber comenzado alguna empresa, alguna obra, para poder barruntar las dificultades de todo género que se les presentaron y que tuvieron que superar aquellos débiles hombres escogidos: hospedaje, fieles, trabajo, amistades, poder sobrevivir, abrirse camino. Nosotros nos lo encontramos todo hecho, ellos tuvieron que empezar de cero y con un mensaje impopular e innovador. Llegados a Roma, los dos fueron encarcelados en la Cárcel Mamertina, y sacrificados bajo Nerón: Pedro crucificado, acusado del incendio de Roma, que el mismo emperador había provocado; Pablo, como ciudadano romano, decapitado con espada: Así lo escribe vísperas de su inmolación: «Yo estoy a punto de ser sacrificado» 2 Timoteo 4,6. Los sepulcros de los dos están en Roma como cimiento de la Iglesia. Por contraste, las ruinas de la “Domus aurea” de Nerón, apenas reciben algún turista curioso, pero las Basílicas de Pedro y Pablo son visitadas constante y continuamente por creyentes y no creyentes todos los días del año. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18).

Como la Iglesia de Jerusalén oraba por Pedro en la cárcel, debe hoy la Iglesia orar por Juan Pablo, y nosotros, de un modo especial ahora que vamos a tener presente sobre el altar al mismo Cristo, que le ha elegido para apacentar su rebaño.

«Gustad y ved qué bueno es el Señor» Salmo 33, que nos ha dejado al cuidado de tales pastores, mártires, Pedro crucificado, Pablo, degollado, Juan Pablo II, tiroteado y salvado de la muerte por la mano de la Virgen que desvió la bala. Que Pedro y Pablo ayuden a la Iglesia que ellos sembraron y regaron con su sangre. Y a Juan Pablo II, reciba hoy un refuerzo especial de nuestras plegarias: «El Señor lo conserve y lo guarde y le dé larga vida y lo haga dichoso en la tierra y no lo entregue en manos de sus enemigos».

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