
26.09.2026
El uso de sonidos constantes para dormir se ha vuelto habitual para algunas personas que buscan reducir las interrupciones provocadas por el tránsito, las conversaciones u otros ruidos del entorno. Entre las opciones más conocidas se encuentran el ruido blanco y el ruido rosa, aunque sus características y posibles efectos sobre el sueño son diferentes.
El ruido blanco distribuye de manera uniforme su energía entre las frecuencias audibles y suele percibirse como un siseo constante. El ruido rosa, en cambio, contiene las mismas frecuencias, pero da mayor peso a los tonos graves, por lo que puede recordar al sonido de una lluvia constante o una cascada.
Un estudio realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) analizó qué ocurre cuando breves estímulos de ruido rosa se sincronizan con determinados momentos de la actividad cerebral durante el sueño.
El sonido fue sincronizado con las ondas lentas
La investigación, publicada en Science Translational Medicine, se centró en las llamadas ondas lentas, características del sueño no REM y especialmente presentes durante las etapas más profundas del descanso.
El equipo estudió a 14 adultos sanos que durmieron durante sesiones de siesta mientras se registraba su actividad cerebral mediante electroencefalografía y el movimiento del líquido cefalorraquídeo mediante resonancia magnética funcional.
Los investigadores desarrollaron un sistema capaz de anticipar los momentos en que las ondas lentas se aproximaban a su máxima intensidad. Cuando el algoritmo detectaba ese punto, emitía una ráfaga de ruido rosa de apenas 50 milisegundos, con una intensidad que no despertaba a los participantes.
Los resultados mostraron que estos estímulos aumentaron la amplitud de las ondas lentas y también la de las ondas asociadas al movimiento del líquido cefalorraquídeo.
El líquido cefalorraquídeo rodea y protege el sistema nervioso central y participa en procesos relacionados con la eliminación de productos de desecho. Los investigadores observaron que las ondas eléctricas del cerebro coincidían con cambios en los vasos sanguíneos que favorecían el desplazamiento de este líquido.
El hallazgo no significa que cualquier ruido rosa mejore el sueño
Los resultados deben interpretarse con cautela. El experimento no consistió en dejar una pista de ruido rosa reproduciéndose durante toda la noche.
La intervención fue breve, personalizada y sincronizada con la actividad cerebral de cada participante. Además, el estudio no determinó si estos cambios en las ondas cerebrales y el movimiento del líquido cefalorraquídeo se traducen en una mejora de la memoria, las capacidades cognitivas o la calidad del sueño en la vida cotidiana.
Otros trabajos han encontrado resultados diferentes cuando el ruido rosa se utiliza de manera continua. Una investigación realizada por Penn Medicine, por ejemplo, observó que la exposición continua a ruido rosa a 50 decibeles se asoció con una reducción del tiempo de sueño REM frente a noches sin exposición sonora, además de una peor percepción subjetiva del descanso.
Las diferencias entre ambos estudios son importantes: mientras el trabajo del MIT utilizó estímulos de 50 milisegundos sincronizados con las ondas lentas, la investigación de Penn Medicine analizó una exposición continua.
Por ahora, el estudio del MIT aporta evidencia sobre cómo un estímulo auditivo cuidadosamente sincronizado puede modificar determinados patrones fisiológicos durante el sueño, pero no demuestra que escuchar ruido rosa durante toda la noche produzca los mismos efectos ni que mejore por sí solo la calidad del descanso.
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