
03.11.2026
Aunque suelen terminar en la basura durante la preparación de los alimentos, algunas cáscaras y cortezas de frutas y hortalizas contienen fibra, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes que pueden complementar la alimentación.
Su aprovechamiento depende de la textura, la forma de preparación y la tolerancia de cada persona. Una publicación del sitio especializado Real Simple recopiló cinco ejemplos de alimentos cuya parte exterior también puede consumirse, siempre que se lave correctamente y no existan contraindicaciones individuales.
Una revisión publicada en Nutritional Qualities and Valorization Trends of Vegetable and Fruit Processing Byproducts señala que las pieles de frutas y vegetales pueden concentrar cantidades importantes de fibra dietética, minerales y antioxidantes, en algunos casos en proporciones superiores a las de la pulpa.
1. Cáscara de mango
La cáscara del mango es comestible y contiene fibra, vitamina C y vitamina E. Investigaciones sobre su composición han identificado un aporte importante de fibra, por lo que también se estudia su utilización en forma de polvo para elaborar productos horneados, pastas y jaleas.
Sin embargo, esta parte de la fruta puede provocar reacciones alérgicas en algunas personas. Quienes tengan antecedentes de alergia o desconozcan su tolerancia deben tomar precauciones antes de consumirla.
2. Piel de banana
La piel de banana se utiliza en preparaciones de diferentes países y puede incorporarse a recetas después de cocinarla. Entre sus componentes se encuentran la fibra soluble, los antioxidantes y diversos micronutrientes.
La cocción ayuda a modificar su textura fibrosa y facilita su incorporación a ciertos platos. Como ocurre con otras cáscaras, es importante lavarla bajo agua corriente antes de utilizarla.
3. Kiwi con piel
El kiwi puede consumirse entero, incluida su piel, lo que permite aumentar el aporte de fibra. Este nutriente contribuye al funcionamiento del sistema digestivo y favorece el tránsito intestinal.
Algunos estudios citados en la información de referencia señalan que consumir dos kiwis al día puede ayudar a aumentar la frecuencia de las deposiciones y contribuir al manejo del estreñimiento leve.
Para quienes no toleran la textura vellosa de la variedad verde, el kiwi dorado representa una alternativa, ya que su piel es más lisa. Consumirlo sin pelar también puede incrementar su contenido de fibra.
4. Corteza de sandía
La parte blanca de la sandía, ubicada entre la pulpa roja y la cáscara verde, también puede aprovecharse en la alimentación. Esta sección contiene citrulina, un compuesto relacionado con procesos que intervienen en la regulación de la presión arterial, además de antioxidantes y minerales como calcio, hierro, magnesio y potasio.
Una de las formas tradicionales de consumirla es mediante encurtidos, una preparación que permite utilizar esta parte de la fruta en lugar de desecharla.
5. Piel de las calabazas de invierno
Algunas variedades de calabaza de invierno pueden cocinarse y consumirse con su piel, por lo que no siempre es necesario pelarlas antes de prepararlas.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) considera comestible la parte exterior de estas hortalizas, aunque su consistencia varía según la variedad. En las calabazas bellota y delicata, por ejemplo, la piel suele ablandarse durante la cocción.
Además, investigaciones sobre la calabaza moscada han identificado compuestos antioxidantes en su cáscara. Cocinarla sin retirar esta parte permite aprovecharla, siempre que su textura sea adecuada para la preparación.
Cómo lavar las cáscaras antes de consumirlas
El aprovechamiento de estas partes requiere medidas de higiene para reducir la presencia de suciedad, bacterias y residuos de pesticidas.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda lavar los productos frescos bajo agua corriente durante al menos 30 segundos y frotar suavemente su superficie.
Por su parte, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) advierte que el lavado puede reducir los residuos de pesticidas, aunque no necesariamente eliminarlos por completo.
También es importante descartar las partes que presenten deterioro visible y considerar posibles alergias o intolerancias.
Incorporar determinadas cáscaras a las comidas puede ser una alternativa para aprovechar mejor los alimentos y aumentar el consumo de fibra y otros nutrientes. Sin embargo, no todas las pieles tienen la misma textura ni son adecuadas para cualquier preparación, por lo que su consumo debe adaptarse a las características de cada producto y a la tolerancia individual.
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