
02.11.2026
La retracción de las encías, el desgaste del esmalte y el desplazamiento dental son algunas de las transformaciones que pueden aparecer con la edad. Un especialista explica cómo identificarlas y qué tratamientos ayudan a conservar la dentadura.
Con el paso de los años, la dentadura también experimenta cambios que pueden afectar su apariencia, resistencia y funcionamiento. Después de los 50 años, algunas personas comienzan a notar mayor sensibilidad dental, retracción de las encías, desgaste del esmalte y modificaciones en la posición de sus piezas.
Aunque estas transformaciones suelen desarrollarse gradualmente, algunas pueden pasar inadvertidas hasta que provocan molestias o requieren atención odontológica.
La acumulación de placa bacteriana, el bruxismo, los empastes antiguos y la exposición frecuente a sustancias ácidas son factores que pueden acelerar el deterioro de la salud bucal.
El odontólogo Martin Wanendeya explicó en el diario The Telegraph cuáles son seis cambios que pueden afectar la dentadura durante la mediana edad y qué alternativas existen para prevenir o tratar sus consecuencias.
1. Retracción de las encías y exposición de las raíces
Uno de los cambios más visibles es la recesión gingival, que ocurre cuando el tejido de las encías se desplaza y deja expuesta una parte de la raíz dental. Como consecuencia, los dientes pueden parecer más largos y adquirir una tonalidad ligeramente más amarillenta.
Esta condición también puede aumentar la sensibilidad frente a alimentos fríos, calientes o dulces, debido a que la raíz no cuenta con la misma protección que el esmalte.
Aunque puede presentarse con la edad, la retracción también está relacionada con enfermedades periodontales, pérdida ósea y técnicas de cepillado demasiado agresivas.
Su tratamiento depende de la causa y puede incluir limpiezas especializadas, cambios en los hábitos de higiene y atención periodontal.
2. Formación de bolsas periodontales
La acumulación de placa bacteriana alrededor de las encías puede provocar inflamación y hacer que el tejido se separe progresivamente de los dientes. Esto da lugar a pequeños espacios conocidos como bolsas periodontales.
En estas cavidades pueden acumularse bacterias y sarro debajo de las encías, lo que favorece el avance de las enfermedades periodontales y puede comprometer los tejidos que sostienen las piezas dentales.
La detección temprana es importante para controlar la inflamación y evitar daños mayores. Entre las medidas recomendadas están las revisiones odontológicas, las limpiezas profesionales y la higiene interdental.
3. Caries alrededor de empastes antiguos
Los empastes no eliminan por completo el riesgo de desarrollar nuevas caries. Con el paso del tiempo, los materiales utilizados en las restauraciones pueden experimentar modificaciones y generar pequeños espacios donde se acumulan bacterias.
Estas lesiones, conocidas como caries secundarias o recurrentes, aparecen alrededor de empastes existentes y pueden avanzar sin producir molestias en sus primeras etapas.
Por ello, las evaluaciones odontológicas periódicas y las radiografías permiten identificar alteraciones que todavía no son visibles o no provocan dolor.
4. Desgaste dental y fracturas por bruxismo
El bruxismo, que consiste en apretar o rechinar los dientes, puede generar un desgaste progresivo de las piezas dentales.
Con los años, esta presión acumulada puede provocar bordes irregulares, dientes más cortos, fracturas y daños en restauraciones antiguas.
Entre las señales que pueden alertar sobre este problema figuran el dolor mandibular al despertar, el desgaste de los bordes de los dientes y las roturas frecuentes de empastes.
Dependiendo del deterioro, los odontólogos pueden recomendar reconstrucciones con resina compuesta, carillas, coronas o férulas nocturnas para proteger las piezas.
5. Pérdida del esmalte y mayor sensibilidad
El esmalte es la capa externa que protege los dientes. Sin embargo, la exposición prolongada a sustancias ácidas, el desgaste mecánico y otros factores pueden reducir progresivamente su espesor.
Cuando esta protección disminuye, queda más expuesta la dentina, un tejido que transmite los estímulos hacia el nervio dental. Esto puede provocar molestias al consumir bebidas frías o calientes.
Wanendeya recordó que el esmalte perdido no puede regenerarse. No obstante, los tratamientos de remineralización pueden ayudar a fortalecer las zonas que presentan daños iniciales.
También pueden utilizarse pastas dentales para dientes sensibles y productos con flúor, según la evaluación del especialista.
6. Desplazamiento de los dientes y apiñamiento
La posición de los dientes continúa cambiando durante la adultez. Las fuerzas de la masticación y la presión ejercida por la lengua, los labios y las mejillas intervienen en estos movimientos.
A partir de los 50 años, algunas personas pueden experimentar un mayor apiñamiento, especialmente en los incisivos inferiores, debido al desplazamiento gradual de las piezas.
Además de modificar la apariencia de la sonrisa, esta condición puede dificultar la limpieza entre los dientes y favorecer la acumulación de placa bacteriana.
Los tratamientos de ortodoncia también pueden realizarse en adultos mayores, mediante alternativas como los alineadores o los aparatos convencionales, dependiendo de cada caso.
La prevención sigue siendo fundamental
Aunque el envejecimiento puede traer cambios en la dentadura, mantener una rutina adecuada de higiene y acudir periódicamente al odontólogo permite detectar problemas a tiempo y conservar las piezas naturales durante más años.
El cepillado dos veces al día, la limpieza entre los dientes, el control del consumo de alimentos y bebidas ácidas y las revisiones profesionales son algunas de las medidas que contribuyen a proteger la salud bucal.
La edad no significa necesariamente perder los dientes. Con prevención, diagnóstico oportuno y tratamientos adecuados, es posible mantener una dentadura funcional y saludable durante las diferentes etapas de la vida.
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