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Huevo seguro: por qué no debes lavarlo antes de guardarlo y cómo manipularlo correctamente

25.03.2026

El huevo, reconocido por su alto valor nutricional y su accesibilidad, es uno de los alimentos más consumidos a nivel mundial. Aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas A, D, E y del grupo B, así como minerales esenciales como hierro, zinc y selenio. Estudios recientes, como el de la Universidad del Sur de Australia publicado en el American Journal of Clinical Nutrition (julio 2025), han demostrado que su consumo moderado no incrementa el riesgo cardiovascular, desmitificando su relación con el colesterol elevado.

Sin embargo, un error doméstico común puede comprometer su seguridad alimentaria: lavar los huevos antes de almacenarlos. Según la profesora Luisa Solano, especialista en Nutrición de la Universidad Europea de Madrid, esta práctica elimina la cutícula, la capa natural que recubre la cáscara y protege al huevo de bacterias y virus como la Salmonella.

Organismos como la FDA y la OMS advierten que la cutícula actúa como barrera protectora al sellar los poros del huevo. Cuando se daña por el lavado prematuro, aumenta la probabilidad de contaminación, especialmente si existen microfisuras en la cáscara. Por ello, la limpieza de los huevos debe realizarse solo en seco, con un paño o papel, y únicamente antes de su uso si presentan suciedad visible. El lavado con agua debe reservarse exclusivamente para aquellos huevos que se cocinarán de inmediato.

Además del lavado, otro error frecuente es almacenar los huevos a temperatura ambiente. La AESAN y el USDA recomiendan mantenerlos en el frigorífico, preferentemente en su envase original y en un estante interior, donde la temperatura se mantenga entre 1 °C y 5 °C. Esta medida protege la cáscara, ralentiza el deterioro y evita la absorción de olores externos, además de facilitar la trazabilidad y el control de la fecha de consumo preferente.

Durante la preparación, se aconseja romper los huevos en un recipiente aparte antes de añadirlos a otras preparaciones, evitando así la contaminación cruzada. Asimismo, es fundamental lavar bien las manos y utensilios después de manipular huevos crudos.

Para identificar huevos en mal estado, además de la fecha de consumo, se pueden emplear métodos sencillos como sumergirlos en agua: si flotan, es señal de que están viejos o deteriorados; si se hunden horizontalmente, están frescos. También se deben descartar huevos con olor desagradable, claras excesivamente líquidas, yemas que se rompen fácilmente o cáscaras con grietas o manchas.

Conclusión:
Respetar las pautas de manejo y conservación recomendadas permite disfrutar de todas las propiedades nutricionales del huevo sin riesgos para la salud. No lavarlos antes de almacenarlos, mantenerlos refrigerados en su envase original y extremar la higiene durante su manipulación son pasos clave para garantizar la seguridad alimentaria en el hogar.

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