
13/01/2026
Buscar consuelo en la comida tras un mal día, un momento de ansiedad o una pérdida se ha vuelto un patrón frecuente en la vida moderna. Este fenómeno, conocido como hambre emocional, no responde únicamente a necesidades biológicas, sino que actúa como un refugio frente a emociones difíciles, dejando huellas en la salud física y mental.
Frecuencia y causas del hambre emocional
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 40 % de los adultos reconoce haber comido por razones emocionales al menos una vez por semana, sobre todo tras episodios de estrés o duelo. La nutricionista y psicóloga Verónica Espinoza explica que “el hambre emocional no busca nutrir el cuerpo, sino llenar un vacío interno”, lo que puede generar un ciclo de culpa, restricción y sobreingesta que afecta la autoestima y la salud física.
En los casos más graves, esta conducta puede derivar en trastornos alimentarios como bulimia, anorexia o trastorno por atracón. Datos de la American Psychiatric Association indican que cerca del 9 % de la población mundial experimenta algún tipo de trastorno alimentario a lo largo de su vida, frecuentemente asociado a ansiedad, depresión o experiencias traumáticas.
Cómo actúa el hambre emocional en el cerebro
Investigaciones citadas por Psicología y Mente muestran que las personas que padecen episodios de atracón presentan hiperactivación del sistema dopaminérgico, el circuito cerebral del placer. Esto genera alivio inmediato al comer, seguido de culpa o vergüenza. La psicoterapeuta Mónica Rivas señala: “Los trastornos alimentarios representan expresiones emocionales en un cuerpo que busca control frente a circunstancias difíciles”.
Además, la presión social y la exposición intensiva a redes sociales incrementan el riesgo de insatisfacción corporal y dismorfia, sobre todo en adolescentes y mujeres jóvenes.
Estrategias para abordar el hambre emocional
El Centro de Bienestar Emocional Esencia recomienda varias herramientas para transformar la relación con la comida:
- Alimentación consciente: ayuda a reconectarse con las señales corporales y a reducir la ingesta impulsiva.
- Terapia cognitivo-conductual: identifica emociones y pensamientos automáticos que disparan el hambre emocional, disminuyendo culpa e impulsos.
- Psicoeducación nutricional: desmonta creencias sobre “alimentos buenos o malos”, promoviendo una visión flexible y saludable de la alimentación.
- Terapia de aceptación y compromiso: fomenta la autocompasión y la aceptación corporal.
- Grupos de apoyo: presenciales o virtuales, ofrecen acompañamiento y ayudan a romper el aislamiento.
Recuperar la relación con la comida
Sanar la relación con la comida implica reconocer y respetar las propias emociones durante el acto de alimentarse. Al dejar de reprimir o juzgar lo que sentimos, la alimentación deja de ser fuente de culpa y ansiedad, convirtiéndose en un acto de cuidado personal.
El objetivo final es que la comida deje de ser un refugio emocional negativo y se transforme en una oportunidad de bienestar, autoaceptación y salud integral, fortaleciendo tanto el cuerpo como la mente.
Hondurasensusmanos Noticias Las noticias positivas que nos hacen crecer!