
09.01.2025
La menopausia es una etapa natural que se presenta en mujeres de mediana edad y marca una transición biológica caracterizada por la disminución de los niveles de estrógeno y progesterona. Este proceso suele ocurrir entre los 40 y los 50 años y genera cambios importantes tanto a nivel físico como emocional. Aunque comúnmente se asocia con síntomas como sofocos, sudores nocturnos y aumento de peso, los efectos sobre la salud mental suelen pasar desapercibidos.
El inicio de la menopausia coincide con un periodo de múltiples exigencias personales, familiares y laborales. Estas responsabilidades, sumadas a los cambios hormonales, crean un contexto de mayor vulnerabilidad emocional. Expertos del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) advierten que la ansiedad y la depresión aumentan durante la mediana edad, aunque muchas mujeres no vinculan estos síntomas directamente con la menopausia.
Durante la perimenopausia, las fluctuaciones hormonales influyen en la química cerebral. La reducción del estrógeno y la progesterona afecta neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, esenciales para regular el estado de ánimo. Según especialistas en salud mental, estos cambios pueden alterar funciones como la memoria, la concentración y el bienestar emocional, incrementando el riesgo de ansiedad, irritabilidad y depresión.
Los síntomas físicos propios de esta etapa, como los sofocos y las alteraciones del sueño, suelen provocar fatiga constante y dificultad para concentrarse. La falta de descanso y la llamada “niebla mental” intensifican el malestar emocional, especialmente cuando se combinan con factores externos como el estrés laboral o familiar.
Existen factores que aumentan el riesgo de desarrollar problemas de salud mental durante la menopausia. Entre ellos se encuentran antecedentes de ansiedad o depresión, trastornos de la tiroides, deficiencia de vitamina B12 y ciertas enfermedades crónicas. Incluso mujeres sin historial previo pueden experimentar síntomas emocionales significativos en esta etapa.
El desconocimiento sobre la relación entre la menopausia y la salud mental dificulta el diagnóstico oportuno. Muchas mujeres atribuyen sus cambios de ánimo al estrés cotidiano y no buscan ayuda profesional. Las señales de alerta incluyen insomnio persistente, cambios bruscos de humor, pérdida de interés en actividades habituales, irritabilidad y cansancio extremo.
Las barreras culturales también influyen. El estigma asociado al envejecimiento y a los trastornos de salud mental limita la comunicación abierta durante las consultas médicas. Especialistas señalan que la falta de información y el silencio social retrasan el acceso a tratamientos adecuados y prolongan el sufrimiento emocional.
En cuanto al abordaje terapéutico, existen diversas opciones según las necesidades de cada paciente. La terapia hormonal puede aliviar síntomas físicos y contribuir a la estabilidad emocional en algunas mujeres. Cuando no es indicada, los antidepresivos y la terapia psicológica, como la terapia cognitivo-conductual, pueden resultar eficaces para tratar la ansiedad y la depresión.
Además, los cambios en el estilo de vida desempeñan un papel clave. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir adecuadamente y reducir el consumo de alcohol y tabaco favorecen la salud mental. Los especialistas recomiendan siempre consultar con profesionales de la salud y evitar productos sin respaldo científico que prometen soluciones rápidas.
La menopausia es una etapa natural que impacta tanto el cuerpo como la mente. Reconocer la relación entre los cambios hormonales y la salud mental es fundamental para mejorar la detección temprana, reducir el estigma y garantizar una mejor calidad de vida. La información, el diálogo abierto y el acceso a atención médica especializada son pilares esenciales para acompañar a las mujeres durante esta transición.
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