
El reflujo ácido, una molestia que afecta a millones de personas, se ha convertido en un problema cotidiano minimizado que impacta la calidad de vida de quienes lo padecen. Caracterizado por irritación persistente, ardor y crisis nocturnas, este padecimiento va más allá de los malos hábitos alimenticios y requiere atención clínica precisa, según expertos consultados por The Telegraph.
Anthony Hobson, especialista en salud intestinal y director de la Clínica Funcional del Intestino, advirtió que muchos pacientes conviven durante años con dolor, dificultad para dormir y malestar general sin recibir un diagnóstico adecuado. “El ácido estomacal es unas cien veces más fuerte que el vinagre; cualquier ascenso hacia el esófago puede generar desde una sensación de ardor hasta un dolor en el pecho similar al de un infarto”, explicó.
En el Reino Unido, hasta el 20 % de los adultos sufre episodios recurrentes de reflujo, conocido también como enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). Datos del NHS indican que cerca de 10 millones de personas toman inhibidores de la bomba de protones (IBP) para reducir la acidez, pero Hobson advierte que, en muchos casos, “se prioriza la prescripción sobre el diagnóstico”. El uso prolongado de IBP puede provocar deficiencias de nutrientes como la vitamina B12, favorecer la proliferación de bacterias intestinales y asociarse con enfermedades como insuficiencia renal o Alzheimer.
El especialista resaltó la importancia de identificar la causa del reflujo, que puede estar asociada a afecciones graves como el cáncer de esófago. Señales de alerta incluyen dificultad para tragar, pérdida de peso o antecedentes familiares de esta enfermedad. Entre los estudios recomendados figuran la endoscopia, pruebas de pHmetría y manometría esofágica.
El estilo de vida y la alimentación también influyen en los síntomas. Porciones grandes, comidas ricas en grasas, frituras, hamburguesas, ajo y cebolla pueden desencadenar reflujo, mientras que reducir el tamaño de las porciones, disminuir la grasa abdominal y seguir una “dieta de rescate” basada en arroz basmati, pescado blanco y verduras hervidas suele mejorar la condición. Antiácidos de venta libre pueden proporcionar alivio inmediato sin reducir la producción natural de ácido.
Además, Hobson destacó la relación entre el reflujo y el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, presente en cerca del 60 % de quienes consideran cirugía. La infección por Helicobacter pylori también requiere tratamiento específico, ya que puede aumentar el riesgo de cambios celulares precancerosos.
El testimonio de Lauren Jackson, una enfermera de 35 años, refleja la experiencia de muchos pacientes: tras meses de dolor e hinchazón y después de insistir en una prueba de H. pylori, fue diagnosticada y tratada exitosamente, resolviendo sus síntomas.
En conclusión, el reflujo ácido no debe considerarse un problema menor. Su abordaje adecuado combina diagnóstico clínico, cambios en la alimentación y estilo de vida, y uso responsable de medicamentos, evitando la sobremedicación y asegurando la salud intestinal y general de los pacientes.
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