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En conferencia humanitaria de la ONU: Embajadora hondureña insiste en acceso igualitario a las vacunas

Tegucigalpa,Honduras martes 03 mayo 2021

Agradezco al Sr. Mark Lowcock, Subsecretario de Asuntos Humanitarios y Coordinador de Ayuda de Emergencia de OCHA y al Excmo. Embajadora Linda Thomas-Greenfield, Representante Permanente de los Estados Unidos de América ante las Naciones Unidas en Nueva York, por este briefing virtual convocado conjuntamente sobre la situación humanitaria en El Salvador, Guatemala y Honduras.

También agradezco a Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF; David Beasley, director ejecutivo del PMA; Kelly Clements, alta comisionada adjunta del ACNUR; Antonio Vitorino, director general de la OIM; y Excelencias.

Los países del norte de Centroamérica están enfrentando situaciones humanitarias similares, no obstante, cada uno de los tres países vive su propia experiencia y realidad única, lo que demanda se preste el debido cuidado para atender las circunstancias particulares. A medida que la pandemia de COVID-19 se propagó, se exacerbaron y multiplicaron los desafíos existentes, entre ellos: el cambio climático y sus efectos, las vulnerabilidades ambientales, sociales y económicas, el aumento de la inseguridad alimentaria, el incremento de los flujos de migración humana, las desigualdades socioeconómicas, la ampliación de las brechas existentes en la educación, la fragilidad de los sectores de atención de la salud, y en particular, la protección de las mujeres y los niños.

Es alentador estar junto a ustedes, nuestros amigos, Estados Miembros, agencias y donantes en esta sesión informativa y de llamamiento, en tiempos que afrontamos este escenario desgarrador. Agradecemos a los Representantes de Guatemala y El Salvador, a sus países y pueblos, su generosidad y solidaridad con Honduras y el pueblo hondureño, en momentos cuando ellos también atraviesan grandes dificultades.

Apenas dos décadas tras la recuperación y reconstrucción del catastrófico huracán Mitch de 1998, dos huracanes, Eta (el 5 de noviembre de 2020). y Iota (el 18 de noviembre de 2020), consecutivamente, azotaron el territorio hondureño, causando más de $1.9 mil millones en daños y pérdidas, 4 millones de personas afectadas que dejaron 2.5 millones de vidas en extrema necesidad. Apenas ocho meses después de la declaración de la pandemia del COVID-19 (de marzo de 2020).

Estos eventos adversos sentaron las bases para lo que enfrentamos hoy, mientras ha quedado afectada la resiliencia y la capacidad de recuperación de Honduras.

Las consecuencias del período de devastación por el que ha pasado Honduras las estamos sintiendo todos. Una combinación de eventos simultáneos. El país hacía frente a las emergencias de dengue, cuando estallan los primeros contagios del coronavirus. Las condiciones sufridas, intensificadas después de las tormentas, así como las restricciones a la movilización, afectaron particularmente los sectores: agrícola, manufacturero y turístico de la economía. Provocado el cierre de empresas, la caída de los ingresos y el alto desempleo. La pandemia alteró la capacidad de sustento de muchos hogares. Las tasas de pobreza han aumentado. Los efectos acumulativos amenazan con extender los impactos más allá de las fronteras nacionales, incrementando aún más el sufrimiento de millones.

Los niños son los más afectados por los desastres. Las familias que perdieron sus hogares fueron trasladadas a refugios. Un gran número de niños continúa en riesgo, viviendo en condiciones insalubres, con fuentes de agua sucias, vulnerables a la desnutrición. Muchos niños continúan experimentando condiciones adversas que afectan su bienestar físico y mental.

En estas situaciones, es imperativo que la asistencia humanitaria esté disponible de manera que garantice los derechos del niño y su protección. Se ocupa de intervenciones sostenibles que apoyen las capacidades locales y atiendan los efectos a largo plazo.

Honduras es una nación con muchos problemas que abordar y dificultades que resolver. Son edificantes los esfuerzos concertados de los hondureños, enfrentando estos desafíos con coraje y determinación. Aún cuando cada país atraviesa su propia emergencia, la nación hondureña no ha sentido que ha estado sola. De todo el mundo vienen voces de aliento y solidaridad de naciones amigas, que apoyan los esfuerzos de recuperación, el trabajo honesto y la productividad en aras de la prosperidad como familia humana.

Fuente: La Tribuna

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