Honduras, 21 septiembre 2019

El profesor de matemáticas y finanzas, Ronald Rodezno, sí sabe resolver verdaderos problemas. Lo lleva haciendo desde los 16 años cuando un potente mortero le mutiló sus manos. La tragedia lo puso a las puertas de la marginación social, como suele sucederle a casi todos los hondureños que sufren este tipo de accidentes, pero él decidió tomar el “pasaporte” a la independencia. Y así se lo hizo saber a todo el mundo, el pasado martes, cuando recibió la Orden “Dionisio de Herrera” de manos del Presidente Juan Orlando Hernández, como “Maestro del Año 2019”. Hasta entonces, solo sus alumnos y en su pueblo de San Marcos de Ocotepeque sabían su historia, pero ahora es una de las caras visibles de la discapacidad y el ejemplo de que el éxito profesional es posible. “Cuando estaba “tunquito”, como dicen en mi pueblo, me dijeron que vendiera “chica” del Pani. Eso me golpeó y le dije a mi abuela: ¡Matricúleme, voy a estudiar!”, recuerda. Durante la entrevista contestó llamadas, revisó el correo electrónico y tomó algunos apuntes en papel, todo tan normal, que nadie repara en el garfio y la prótesis, sus aliados en su vida cotidiana de resiliencia y éxito.
¿Siempre quiso ser maestro?
No, yo iba a estudiar ingeniería, de hecho, cuando faltaban 24 días para ingresar a la Escuela de Agricultura “Pompilio Ortega” de Santa Bárbara, me pasó el accidente en mis manos y mi ojo. Eso fue el 1 de febrero de 1991, el 24 de febrero iniciábamos las clases.
¿Cómo fue?
Resulta que en mi barrio habían dos coheterías y todo el tiempo pasábamos manipulando cohetes, era algo común, pero ese día estaba marcado para mí y manipulé una bomba, de esas que revientan en las ferias.
¿Qué pasó tras la explosión?
La explosión me lanzó varios metros. Éramos cuatro compañeros y a los otros tres también les provocó serias lesiones. Yo tenía 16 años. Iba a primero de carrera. Cambió mi vida para siempre.
¿Cómo fue al principio?
Muy difícil, sobre todo, porque en el pueblo nunca había sucedido una tragedia como esta. Se me acercaban los amigos para saber cómo seguía mi recuperación. Otros hasta me comentaban que ellos preferían morirse a quedar “tunquitos”, como decimos en el pueblo.
¿Cuál fue su reacción al verse sin sus manos y un ojo?
Me fui haciendo una coraza, más fuerte. Añoraba que llegara la noche para dormir porque era el único momento para tener tranquilidad. Cuando me levantaba, quería revertir el tiempo, pensaba que era un sueño y no quería aceptarlo.
¿Renegó de Dios en algún momento?
Fíjese que no. Recuerdo que cuando estaba tirado con las manos destrozadas y mi ojo izquierdo colgando, había unas enfermeras comiendo y ellos me dieron los primeros auxilios, quedé eternamente agradecido con Dios y con ellos que me los puso en el camino.
¿Le afectó la audición?
No.
¿Cuánto duró la recuperación física?
Prácticamente un año. Vine a Tegucigalpa a un centro de rehabilitación, me dieron terapia física y me colaboraron con las prótesis de dos garfios.
¿Qué lo impulsó a seguir estudiando?
Fíjese que me llevaron a terapia a Estados Unidos entre el 92 y 93, fue una terapia psíquica. Me encantó, yo quería seguir estudiando ingeniería, pero en el Ministerio de Educación me dijeron que buscara una carrera alterna y decidí estudiar ciencias comerciales.
¿En qué consistía la terapia en Estados Unidos?
Es que allá el tema de discapacidad era común, tenía prioridad, pero aquí la gente lo sigue viendo como casos raros, Imagínese, que hasta hubo gente que al verme “tunquito” me dijo que mejor vendiera chica del Pani para consolarme. Eso me golpeó, porque yo recordaba en Santa Rosa de Copán a los señores discapacitados vendiendo chica en la acera. Por eso le dije a mi abuela, “matricúleme, voy a seguir estudiando”.
¿Volvió a practicar deportes?
Claro, incluso, en 1994 tuve la dicha de participar en un campeonato mundial de discapacitados en la isla de Malta. Quedé en 13 lugar de 63 participantes, eso para mí fue un triunfo porque en ese tiempo muchas cosas aquí eran como prohibidas para los discapacitados, como tener una esposa y tener hijos, ser emprendedor o profesional.
¿Jugó fútbol?
Seguí jugando fútbol hasta que me casé (se ríe). La verdad en la medida de lo posible llevo una vida normal, lo último que aprendí fue a ponerme los calcetines aunque la primera vez me los puse al revés.
A las personas con discapacidad se les rechaza o se les mira con lástima o como víctimas. ¿Se ha sentido así?
A principio me molestaba que me trataran así, pero después fui entendiendo que la sociedad no está educada en el trato a las personas con capacidades. Nunca me victimicé, ni siquiera reclamo el 25 por ciento de descuentos por ley, porque no vale la pena pelear.
¿Qué estudió?
Me gradué en perito mercantil y comencé a estudiar contaduría pública en el CURN de SPS, pero al terminar el primer semestre me gané una beca en Unitec. Me vine a Tegucigalpa a estudiar Administración de Empresas. Después, me salió la oportunidad de impartir clases en un centro básico y así comencé en el 2001.
¿Qué le recomienda a las familias con parientes discapacitados?
La parte social y afectiva tiene que ver mucho, lo más importante es el apoyo de la familia. (Interrumpe la entrevista para responder una llamada de su madre).
¿Tuvo novias?
Claro, no tuve problemas en tener novias, de hecho, estuve casado 15 años, tuve un hijo que hace poco lo fui a dejar a Estados Unidos.
¿Cómo fueron los inicios en la docencia?
Comencé en el Centro Básico Francisco Morazán, de la comunidad El Tránsito, en el municipio de San Marcos de Ocotepeque. Me asignaron clases de Matemáticas, Ciencias Naturales y Educación Física. Estuve tres años. Mi madre había trabajado ahí 30 años atrás, como maestra empírica. Después abrieron jornadas en la tarde en el Instituto de San Marcos en el área de Ciencias Comerciales y decidí hacer unas equivalencias en la UPNFM.
¿Cómo hizo para estudiar en la UPNFM, desde su pueblo?
Fue muy duro. Viajaba cada 21 días y en el último año de mi carrera viajé todos los viernes, porque tenía clases los sábados. Fue un sacrificio económico y familiar, casi siempre hallaba dormido a mi hijo, pero era mi trabajo. En esta profesión uno descuida su familia por el trabajo y, en ese sentido, somos candil de la calle y oscuridad de la casa porque estamos más pendientes y pasamos más tiempo con los alumnos.
¿Qué clases imparte actualmente?
Contabilidad, legislación mercantil, finanzas y estadística.
¿Es “yuca” como maestro?
No, soy flexible con los cipotes, me intereso en explicarles bien para que aprendan.
¿Qué tanto ha cambiado el pensum en estas áreas?
Antes, en esta área de comercio salían bien fuertes en contabilidad, pero sabían poco de álgebra, cálculo, biología, física elemental y química.
¿Por qué se aplazan tanto en matemáticas cuando llegan a la universidad?
Es complicado explicarlo y no echarle la culpa a alguien, aunque mi departamento, a mucha honra, sale bien evaluado siempre en las pruebas de matemáticas. Es cuestión del interés del alumno a las clases de matemáticas, porque desde un principio nos meten miedo.
¿Cuál es su mayor satisfacción como docente?
Muchas, cada vez que me paran en la calle y me dicen, “profe, usted me dio clases”. Una vez fui al hospital por un problema del pie y el doctor estaba ocupado, pero al abrir la cortina me miró y me gritó “usted fue profesor” y me atendió rápidamente. También me saludan abogados, licenciados, ingenieros y colegas, eso es lo bonito de ver que uno aportó un granito de arena.
¿Qué les aconseja a quienes sufren una discapacidad reciente?
Diría que merecen toda la atención y la oportunidad, no se tienen que desanimar, no es fácil, pero hay que buscar personas que sepan del tema y positivas, alejarse de las personas pesimistas.
¿Ha perdido el equilibro, se ha resbalado?
Siempre tengo mucho cuidado para no perder el equilibro, pero lo más importante es mantener el balance del cerebro.
¿Tiene alguna propuesta al sistema sobre los maestros con discapacidades?
Más que todo en el sistema de jubilación. Todo mundo debe saber que una persona con discapacidad tiene un deterioro físico acelerado con respecto a otra persona común, entonces, propongo que reformar la ley para permitir que nos jubilemos a los 50 años con 25 años de servicio. No sé cuántos docentes habemos con discapacidad ni qué impacto financiero puede tener en Inprema esta propuesta de manera automática o voluntad propia. Tampoco quiero entrar en polémica de mis colegas.
¿Se piensa jubilar pronto?
Me faltarían 12 años, pero la verdad que yo voy a dar clases todo el tiempo que pueda.
¿Le gusta esa palabra de inclusión social para referirse a las personas con discapacidad?
Pues, al menos hemos avanzado en el trato semántico porque antes la ley nos llamaba inválido y hasta ser izquierdo era un problema en la escuela porque se pensaba que era una discapacidad.
¿Cuáles son las falencias del sistema?
Mire, yo solo tengo 18 años de servicio, pero me atrevo a decir que hay muchos avances, la mayoría de los maestros tienen estudios universitarios, eso es bueno para el alumno, pero siguen los mismos vicios de que los maestros tengan que andar reclamando su derecho en las calles.
¿Le han retrasado su pago?
Hasta tres meses, al principio, ahora se ha mejorado, pero muchos maestros siguen caminando horas para llegar a su centro educativo, eso no puede seguir así, ni menos comprando materiales educativos, porque es un dinero que debe disfrutar con su familia.

Se dice que la educación de antes era mejor. ¿Está de acuerdo?
Es cierto, había más respeto, pero no había tantos distractores como ahora y que los padres contribuyen comprándoles un celular o videojuegos, en vez de libros.
¿Cómo recibió esta distinción de maestro del año?
Con mucha humildad. Me causó sorpresa porque tengo compañeros en el departamento con una trayectoria intachable, muchos años de servicio, son escritores, desarrolladores de proyectos, pero el reconocimiento viene por mi trabajo, el esfuerzo físico, por mi condición, entonces, lo vi como una oportunidad para compartir mi mensaje con el pueblo hondureño.
Le dieron una beca para estudiar un diplomado en Navarra. ¿La va tomar?
Claro que sí, es una oportunidad para mejorar y transmitir ese conocimiento a los alumnos, pero me gustaría que estas oportunidades se extiendan al resto de los docentes de mi país.
*Fuente: latribuna.hn
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