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Ansiedad nocturna: por qué las preocupaciones aumentan al acostarse y cómo recuperar el descanso

19.10.2026

Cuando termina la jornada y llega el momento de dormir, las preocupaciones cotidianas pueden sentirse más intensas. Una discusión pendiente, una reunión importante o un problema sin resolver pueden convertirse en pensamientos repetitivos que dificultan conciliar el sueño.

Según especialistas consultados por The Washington Post, existe una relación estrecha entre la ansiedad y el descanso: la preocupación puede mantener al organismo en estado de alerta, mientras que dormir poco aumenta la vulnerabilidad emocional y dificulta manejar el estrés. Este ciclo puede repetirse noche tras noche.

El cansancio dificulta el control de las emociones

Aunque la ansiedad puede aparecer en cualquier momento del día, durante la noche el cansancio puede hacer más difícil procesar las emociones y controlar las reacciones impulsivas.

La psicóloga especializada en medicina del sueño Natalie Solomon explicó que, al final del día, puede resultar más complicado evaluar los problemas con perspectiva. La falta de descanso también afecta el razonamiento y el control de los impulsos, lo que puede hacer que una preocupación parezca más grave de lo que realmente es.

Un estudio publicado en 2022 examinó los posibles efectos de permanecer despierto durante las horas habituales de sueño. Sus autores describieron el fenómeno de la «mente después de la medianoche», relacionado con cambios en el pensamiento, la toma de decisiones y la evaluación de riesgos.

Cuando el miedo a no dormir aumenta la ansiedad

En algunos casos, la dificultad para conciliar el sueño genera una preocupación adicional: el temor a pasar otra noche despierto. Esta ansiedad por dormir puede hacer que la persona permanezca pendiente del reloj, anticipe las consecuencias de no descansar y experimente mayor frustración.

La profesora de psicología Candice Alfano explicó que este proceso puede alterar el ritmo circadiano, el reloj interno que regula los ciclos de sueño y vigilia. Con el tiempo, acostarse puede convertirse en una experiencia asociada con el estrés, en lugar de la relajación.

La rumiación, que consiste en repasar repetidamente una preocupación sin llegar a una solución concreta, también puede intensificarse cuando disminuyen las distracciones externas. Las personas con antecedentes de ansiedad, experiencias traumáticas o problemas del sueño pueden ser más propensas a experimentar este patrón de manera frecuente.

Estrategias para reducir las preocupaciones antes de dormir

Los especialistas recomiendan incorporar hábitos que ayuden a separar el tiempo de descanso de las obligaciones y los problemas del día.

Reservar un momento para las preocupaciones. La profesora de psiquiatría Elizabeth Hoge sugirió establecer un período específico para pensar en los asuntos pendientes. Dedicar entre cinco y diez minutos a escribir las preocupaciones puede ayudar a identificar cuáles requieren una acción y cuáles no pueden resolverse de inmediato.

Reducir el uso de pantallas. Apagar los dispositivos al menos 30 minutos antes de acostarse y sustituirlos por actividades tranquilas puede facilitar la transición hacia el descanso.

Crear una rutina relajante. Leer, escuchar música suave, meditar o tomar un baño son opciones que pueden ayudar a disminuir el ritmo al final del día. Michael Grandner, director del Programa de Investigación sobre el Sueño y la Salud de la Universidad de Arizona, recomendó reservar entre 30 minutos y una hora para prepararse antes de dormir.

Mantener horarios regulares. Acostarse y despertarse a horas similares ayuda a establecer una rutina de sueño. No existe una hora universal para ir a la cama, por lo que también es importante prestar atención a las señales de somnolencia del propio cuerpo.

Evitar permanecer en la cama con frustración. Si el sueño no llega, Grandner aconsejó levantarse y realizar una actividad tranquila hasta recuperar la somnolencia. Esta práctica busca mantener la asociación entre la cama y el descanso, en lugar de vincularla con la preocupación.

Preparar un ambiente adecuado. Un dormitorio fresco, oscuro y silencioso puede favorecer el sueño. Las cortinas opacas, los tapones para los oídos y los dispositivos de ruido blanco son algunas alternativas para reducir las molestias del entorno.

Cuándo buscar ayuda profesional

Si la ansiedad nocturna persiste y afecta la calidad de vida, los especialistas recomiendan consultar con un profesional de la salud para identificar las posibles causas y determinar el tratamiento adecuado.

El insomnio puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o volver a dormir después de despertarse. Cuando estos problemas se presentan al menos tres veces por semana durante tres meses y afectan el funcionamiento durante el día, pueden cumplir uno de los criterios utilizados para identificar el insomnio crónico.

La terapia cognitivo-conductual para el insomnio es uno de los tratamientos principales para esta condición. Su objetivo es modificar los pensamientos y hábitos que mantienen las dificultades para dormir.

Aunque las preocupaciones ocasionales antes de acostarse son comunes, no es necesario acostumbrarse a pasar las noches en estado de alerta. Reconocer el patrón, establecer una rutina y buscar ayuda cuando el problema persiste puede contribuir a recuperar un descanso reparador.

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