
Una investigación realizada por científicos de China y Estados Unidos encontró evidencia de que las experiencias emocionales vividas durante el día pueden influir directamente en la calidad del sueño durante la noche.
El estudio, publicado en la revista científica Science, concluyó que los recuerdos asociados a emociones negativas pueden fragmentar el descanso, mientras que los recuerdos positivos ayudan a estabilizarlo.
La investigación fue liderada por Menghan Yu, Yi Zhong y Bo Lei, junto a especialistas de la Universidad de Tsinghua, el Instituto Nacional de Ciencias Biológicas de Pekín y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
De acuerdo con los investigadores, el hallazgo permite comprender con mayor precisión cómo funciona la relación entre la memoria y el sueño, y podría abrir nuevas posibilidades para tratar trastornos relacionados con el estrés y la depresión.
El estudio se centró en los llamados “engramas de memoria”, grupos específicos de neuronas encargados de almacenar recuerdos en el cerebro.
Hasta ahora, la mayoría de investigaciones se enfocaban en cómo el sueño ayuda a consolidar los recuerdos. Sin embargo, este trabajo analizó la relación inversa: cómo los recuerdos pueden alterar el sueño.
Para desarrollar el experimento, los científicos trabajaron con ratones expuestos a experiencias opuestas. Algunos fueron sometidos a estímulos relacionados con miedo y estrés, mientras que otros tuvieron interacciones sociales positivas.
Posteriormente, los investigadores registraron la actividad cerebral de los animales durante el sueño utilizando electroencefalogramas (EEG) y electromiogramas (EMG).
Los resultados mostraron que los recuerdos negativos provocaban un sueño más fragmentado, con despertares frecuentes y períodos más cortos de sueño profundo.
Además, mediante técnicas avanzadas de microscopía, detectaron que las neuronas vinculadas al miedo se activaban justo antes de cada despertar, funcionando como una especie de “alarma interna” que interrumpía el descanso.
Cuando los científicos bloquearon esas neuronas específicas, los despertares disminuyeron y el sueño volvió a estabilizarse.
En contraste, los recuerdos positivos mostraron conexiones con regiones cerebrales asociadas al sueño profundo y la relajación, favoreciendo un descanso más estable y reparador.
Los investigadores también observaron que, en ratones sometidos a estrés crónico, la fragmentación del sueño estaba directamente relacionada con la reactivación constante de recuerdos negativos durante la noche.
Aunque los resultados todavía deben estudiarse en humanos, los especialistas consideran que el hallazgo representa un avance importante para comprender trastornos del sueño asociados a ansiedad, estrés postraumático y depresión.
Los autores señalaron que la investigación demuestra que la memoria y el sueño mantienen una interacción mucho más profunda de lo que se pensaba anteriormente, y que el contenido emocional de los recuerdos puede influir directamente en la calidad del descanso.
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