Tegucigalpa, 27 de enero de 2026 — Nasry Juan “Tito” Asfura Zablah asumió este martes la Presidencia de la República de Honduras para el período 2026-2030, en una ceremonia oficial realizada en el Congreso Nacional, marcando el inicio de un nuevo ciclo político tras cuatro años de gobierno de signo progresista. El acto se desarrolló en un formato sobrio y de carácter institucional, una decisión que, según el nuevo gobierno, responde al objetivo de reducir gastos públicos.
A diferencia de administraciones anteriores, que celebraron la toma de posesión en el Estadio Nacional con eventos multitudinarios, el nuevo mandatario optó por el hemiciclo legislativo como sede del acto protocolario. Esta elección fue interpretada como un mensaje inicial de austeridad y contención del gasto, en un contexto de limitaciones fiscales y demandas sociales acumuladas.
La juramentación se realizó durante una sesión solemne del Congreso Nacional, ante diputados, magistrados, autoridades civiles y militares, así como representantes del cuerpo diplomático acreditado en el país. No asistieron jefes de Estado extranjeros, y la ceremonia se desarrolló sin cadena nacional obligatoria, reforzando el carácter institucional del evento.
Un discurso centrado en gestión y unidad
En su primer discurso como jefe del Ejecutivo, Asfura delineó las líneas generales de su administración, haciendo énfasis en la eficiencia del Estado, la generación de empleo y la atracción de inversión. Asimismo, subrayó la necesidad de gobernar con responsabilidad fiscal y llamó a la unidad nacional, en un escenario político marcado por la polarización y un proceso electoral que se resolvió tras un conteo prolongado.
Si bien el mensaje evitó anuncios de reformas estructurales inmediatas, el nuevo presidente dejó claro que su gestión buscará diferenciarse por una administración orientada a resultados y a la ejecución de obras, una narrativa coherente con su experiencia previa en el ámbito municipal.
Contexto electoral y retorno del Partido Nacional
Asfura llega al poder tras las elecciones generales de noviembre de 2025, en las que obtuvo alrededor del 40 % de los votos, superando por un margen estrecho a su principal contendiente. Su triunfo representa el retorno del Partido Nacional al Ejecutivo, luego de un período en la oposición, y redefine el equilibrio político en el país.
El proceso electoral estuvo acompañado de cuestionamientos por la lentitud en el escrutinio y denuncias de irregularidades por parte de diversos sectores, lo que dejó como desafío inicial para el nuevo gobierno la tarea de fortalecer la confianza en las instituciones democráticas.
Perfil y trayectoria del nuevo presidente
Nasry Asfura, nacido en Tegucigalpa en 1958, es empresario de la construcción y dirigente histórico del Partido Nacional. Su carrera política se consolidó a nivel local, especialmente durante su gestión como alcalde del Distrito Central entre 2014 y 2022, período en el que impulsó proyectos de infraestructura urbana y mantenimiento vial, una experiencia que ha sido central en su discurso político.
Previamente, se desempeñó como diputado al Congreso Nacional y fue candidato presidencial en 2021, elección en la que no logró la victoria. Su llegada a la Presidencia en 2026 se produce tras años de posicionamiento interno dentro de su partido y una campaña enfocada en la capacidad de gestión.
A lo largo de su trayectoria, Asfura también ha enfrentado señalamientos y controversias administrativas, temas que han sido parte del debate público y que continúan formando parte del escrutinio ciudadano sobre su administración.
Retos inmediatos del nuevo gobierno
El inicio del mandato de Asfura se da en un contexto complejo, marcado por desafíos económicos, demandas sociales insatisfechas, inseguridad y una elevada expectativa ciudadana. La apuesta por la austeridad y la eficiencia será puesta a prueba frente a la necesidad de responder a estos problemas estructurales sin profundizar tensiones políticas o sociales.
La decisión de iniciar su gestión con una toma de posesión austera y en el Congreso Nacional puede leerse como una señal simbólica de su enfoque gubernamental. No obstante, será la implementación de políticas públicas y su capacidad de generar consensos lo que defina el rumbo y el impacto de su administración en los próximos cuatro años.

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