
10.07.2025
El cuarto de Álex Jiménez, cubano de 21 años, es un centro de operaciones con una katana sobre la pared, un escritorio con muñecos de Dragon Ball Z y una almohadilla de ratón de Death Note.
Su computadora contiene unos 20 gigas de manga –historias ilustradas japonesas, similares a los cómics, que se leen de derecha a izquierda– y un par de programas de diseño, una pasión que desarrolló desde pequeño.
Pero su singularidad es qué ha hecho con esa minibiblioteca digital. Desde hace tres años, el joven cubano ha estado al frente de un boyante negocio que decidió llamar Mangatiny.
Jiménez encuaderna a mano los libros para entregarlos a una oleada de no pocos seguidores de este tipo de literatura en La Habana. La afición por el manga –así como por el anime– en Cuba ha subido como la espuma en los últimos años. Y el joven supo que ahí había una oportunidad única en un país en el que comprar los volúmenes originales es prácticamente imposible, ya sea porque no los hay o porque, cuando los hay, están a precios exorbitantes.
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