Sin embargo, este apogeo marino se acabó por las condiciones gélidas del planeta antes de que surgieran los primeros rastros de vida en tierra. A la gran extinción de esta etapa se la conoce como LOME por sus siglas en inglés.
A diferencia de la desaparición rápida de los dinosaurios hace 65,5 millones de años atrás, los científicos sospechan que LOME sucedió de manera silenciosa, en un tiempo de medio millón o dos millones de años.
¿Falta de oxígeno en los océanos?
La principal hipótesis de LOME apunta a la anoxia en el agua de mar, es decir, la falta de oxígeno en este ecosistema. Esta condición, que se cree que perjudicó a las especies acuáticas prehistóricas, suele ser una consecuencia del calentamiento global, lo cual acidifica y desoxigena los mares.
Así, el equipo estudió el medio ambiente oceánico antes, durante y después de la extinción para descubrir cómo sucedió. Analizaron la concentración de yodo en rocas carbonatadas de ese periodo, un dato que indica los niveles de oxigenación oceánica a través de la historia. Luego, esta información fue acompañada de modelos de la Tierra posibles.
El hallazgo fue revelador, pero aparentemente contradictorio. Mientras en el océano poco profundo hubo escaso oxígeno, en la extensión del fondo marino sí fue un recurso abundante.
Por tal razón, pese a que las causas de la extinción en el Ordovícico tardío no se han definido por completo, los científicos descartan como única explicación el cambio de oxigenación.