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Nelman Raudales, un psicólogo socorrista apasionado por servir

Tegucigalpa,Honduras martes 13 julio 2021

Servir a la comunidad es la pasión del psicólogo socorrista Nelman Darío Raudales Zepeda, un «catracho» que pese al riesgo de contagio del COVID-19, contribuye a diario a salvar vidas, al trabajar como voluntario de la Cruz Roja Hondureña.

Este profesional ejemplar, que hoy es el protagonista de nuestra sección Ángeles de la Pandemia, nació el 10 de julio de 1979, en el municipio de Talanga, departamento de Francisco Morazán.

Cuando tenía 12 años, casi no tenía tiempo para jugar, como lo hacían otros niños de su edad.

Quería estudiar, pero ese sueño se lo tuvo que ganar con el sudor de su frente, al cultivar la tierra; luego aprendió a enmarcar espejos y fotografías, y más tarde se dedicó a fabricar balcones.

El trabajo también fue para este «cipote» luchador una forma de ayudar a su madre, Dolores Zepeda, un ama de casa «comayagüense» que encontró en su hijo un valioso apoyo para criar sola a tres hijos más.

Al no haber crecido junto a su padre, el maestro y comerciante, Garmindo Raudales, al infante le tocó laborar como un hombre para contribuir al sustento del hogar.

Sin embargo, el destino de Nelman no estaba en ningún oficio, sino en el arte de servir y tenderle una mano amiga al más necesitado.

El psicólogo labora en el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza, donde brinda tratamiento a personas con trastornos causados por el COVID-19.

EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Ver a un grupo de uniformados de blanco ayudar a los habitantes del pueblo lo motivó a integrarse como voluntario a la Cruz Roja Hondureña desde que tenía 15 años. Fue así que en 1996 aprendió primeros auxilios y comenzó a enamorarse de la noble labor de los socorristas.

Luego de cursar el Bachillerato en Ciencias y Letras, su anhelo de salir adelante lo llevó en el 2002 hasta la Escuela Técnica del Ejército, en Tegucigalpa, en donde adoptó la disciplina como una herramienta de éxito y se graduó como enfermero.

Ávido se superación, en el 2017 obtuvo su título de Licenciado en Psicología, en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), y ahora, armado con su profesión y sus 26 años de experiencia como socorrista de la Cruz Roja Hondureña, salva vidas al atender cientos de emergencias.

En el 2017, Nelman Raudales obtuvo su título de Licenciado en Psicología, en la UNAH.

PELIGRO COTIDIANO

En marzo del 2020, el Gobierno de Honduras decretó emergencia sanitaria por la pandemia de COVID-19. Las calles de Tegucigalpa quedaron desoladas. El temor “contagiaba” a todos, excepto a los indigentes, que deambulaban sin mascarilla por los rincones.

En la Cruz Roja Hondureña de la colonia Mayangle no cesaban las llamadas de la Línea de Emergencia 911, que solicitaban acudir al auxilio de personas sospechosas del virus.

«El temor era fuerte… a mí me tocó ser de los primeros en trasladar personas», recuerda Raudales.

La primera emergencia que atendió fue la de «un indigente del barrio El Manchén, el cual estaba presentando síntomas bien evidenciados de dificultad respiratoria, fiebre, pérdida del gusto, ya él estaba en una etapa bien avanzada, con disminución de la respuesta motora, él fue una de las primeras personas que falleció…».

Mientras la mayoría de hondureños permanecían encerrados en sus casas, al socorrista, como al resto de sus compañeros, les tocaba armarse de valor y enfrentar esa nueva realidad, para trasladar a los enfermos hasta los hospitales.

«De una u otra manera, alguien tenía que hacerle frente, y en esta ocasión nos tocaba al personal de emergencia, quienes éramos los llamados a atender a los compatriotas que estaban siendo víctimas» del COVID-19, expresa el entrevistado.

El socorrista, junto a su compañera de hogar, Greysi Rueda.

ESTRÉS LABORAL

«Tuvimos una temporada, cuando estuvo el confinamiento, que casi no se atendieron emergencias médicas o emergencias quirúrgicas, sino que en su mayoría eran solicitudes de servicio para personas sospechosas de covid que, basados en clínica, la mayor parte de ellos era positivo, esto generó un alto grado de estrés laboral en el personal…», relata Raudales.

Para afrontar la pandemia, la Cruz Roja Hondureña creó «un protocolo interno y al mismo tiempo adaptamos unidades para el traslado y la atención de estas personas que salían con sospechas y otros que ya tenían previa prueba COVID-19 para el traslado y el abordaje».

El solidario «catracho» es compañero de hogar de Greysi Rueda, y padre de cuatro hijos: Nelman Zaid, Jiromi, Sujelyn y Saira Carina, quienes cada día le piden a Dios que lo proteja.

«Yo soy psicólogo, en la medida de lo posible, trato de disminuir la angustia dentro de mi familia, casi siempre les digo voy a la Cruz Roja, a mi servicio de ambulancia, pero evito decirles que la mayor parte del tiempo estoy en riesgo de estar en contacto con personas con COVID-19 positivo», admite Raudales.

El hondureño se describe como un hombre «con todos los errores habidos y por haber que cometemos los seres humanos», sin embargo, afirma que «espero seguir sirviendo a mi país, a mi patria, me considero un patriota».

Raudales es padre de cuatro hijos: Nelman Zaid, Jiromi, Sujelyn y Saira Carina.

AUXILIO PSICOLÓGICO
Nelman Darío Raudales Zepeda es psicólogo funcional del Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza, donde «doy abordaje a personas que han perdido un familiar o fueron pacientes positivos de covid o personas que desarrollaron temor o fobia social producto de la pandemia».

El profesional trabaja en el área de hospitalización de la sala de varones, pero también «me refieren bastantes pacientes sobrevivientes de covid y damos intervención en crisis, damos abordaje y seguimiento a las personas que están con un luto no resuelto…».

Advierte que «el velorio es parte de un proceso de resolución de luto, es una manera de despedirnos de aquel ser querido», lo cual ahora no se cumple, ya que a los fallecidos por el virus se les sepulta de inmediato, por razones de bioseguridad.

«Eso ha generado bastantes cuadros de trastornos adaptativos en la comunidad, en las familias de las personas que perdieron un miembro producto del covid», lamenta.

«Por no haber hecho esa resolución o esa despedida que implicaba lo que era el velorio, hoy encontramos un aumento de la población con problemas de tipo emocional, con muchas dificultades para poder asimilar la pérdida, para poder adaptarse a una nueva realidad», explica.

Fuente: hondudiario

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