
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil representa un balón de oxígeno para una deprimida izquierda latinoamericana y trunca las aspiraciones de Donald Trump y Javier Milei de incorporar a Brasil a la ola conservadora.
El líder progresista fue reelegido el domingo con el 52 % de los votos, frente al 48 % que obtuvo el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo mayor del exmandatario Jair Bolsonaro, en una remontada sin precedentes en la historia democrática del país.
La mayor economía de Latinoamérica se aleja así de la ola de gobiernos de derecha en la región y se mantiene como el principal bastión de la izquierda junto con México.
«Sin duda, la victoria de Lula es un acto de resistencia y puede servir de referente», afirmó a EFE Pedro Feliú, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de São Paulo (USP).
Además, el dirigente del Partido de los Trabajadores ha roto otro maleficio que estaba asolando a la izquierda: las dificultades para reelegirse.
Feliciano Guimarães, profesor del Instituto de Relaciones Internacionales de la USP, señaló a EFE que esas dificultades tenían su origen en «los bajos precios de las materias primas internacionales y la enorme brecha entre lo que la gente espera y la capacidad real de los gobiernos para dar resultados».
Paz, Kast y De la Espriella saludan a Lula
La derecha empezó a ganar terreno en 2023 con la llegada de Javier Milei al poder en Argentina y siguió avanzando con Rodrigo Paz, en Bolivia; José Antonio Kast, en Chile; Nasry Asfura, en Honduras; Laura Fernández, en Costa Rica; Keiko Fujimori, en Perú; y Abelardo de la Espriella, en Colombia.
Brasil era la última pieza del rompecabezas y ha decidido mantenerse del lado de Lula, protagonista de una remontada histórica después de quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta e imponerse en la segunda con más de 4,4 millones de votos de diferencia.
El senador ultra, como hizo su padre en 2022, no reconoció su derrota y pidió «la anulación» de los comicios después de que un juez prorrogara dos horas el horario de votación tras una serie de incidentes en el transporte público municipal de varias ciudades.
Sin embargo, la pataleta de Flávio no ha encontrado eco en la mayoría de sus socios ideológicos regionales.
Kast felicitó a Lula y resaltó que ambos países tienen «mucho futuro en común», Fujimori reafirmó su voluntad de «fortalecer la alianza estratégica» con Brasil y Paz llamó a «generar más oportunidades».
El más directo fue De la Espriella, uno de los líderes latinoamericanos que apoyó a Flávio en campaña: «El presidente Lula y yo tenemos grandes y profundas diferencias políticas e ideológicas, pero coincidimos en algo fundamental: Brasil y Colombia se necesitan mutuamente».
Intentos de injerencia de Trump y Milei
Por el momento, el presidente estadounidense, Donald Trump, y su par argentino, Javier Milei, no se han pronunciado.
Lula ha denunciado en diversas ocasiones intentos de injerencia electoral de la Casa Blanca y la Casa Rosada con el objetivo de perjudicar su reelección.
Milei participó activamente en la campaña de Flávio. Asistió al lanzamiento de su candidatura, en julio pasado, en São Paulo, y ha insultado a Lula reiteradamente con calificativos como «ladrón» y «mentiroso». También sembró sospechas sobre la transparencia del proceso electoral brasileño.
Trump evitó posicionarse a favor del primogénito de Bolsonaro y se limitó a decir que observaba «muy de cerca» la contienda.
No obstante, el Gobierno de Lula interpreta como intentos de injerencia los aranceles del 25 % y del 12,5 % a buena parte de los productos brasileños a pocos meses de los comicios, así como el envío de dos altos funcionarios del Departamento de Estado, frustrado por Brasil, para discutir la libertad de expresión en las elecciones. También la revocación del visado diplomático de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti.
A finales de mayo, en plena precampaña electoral, la Administración de Trump declaró además como terroristas a las bandas brasileñas Comando Vermelho (CV) y Primeiro Comando da Capital (PCC), tras una visita de Flávio a Washington, donde se vio por separado con Trump y con el secretario de Estado, Marco Rubio.
En respuesta, Lula advirtió que «Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie».
«Brasil siempre tuvo una política internacional de defensa de la soberanía» y cuenta con «un cuerpo de diplomáticos muy calificado y una política internacional muy consistente. No veo posibilidades de que eso cambie en el cuarto mandato de Lula», explicó el politólogo Carlos Pereira, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), en un encuentro con corresponsales. EFE
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