
05.08.2026
Con una caja de madera, un cepillo, un paño y unas latas de betún, los lustrabotas han recorrido durante décadas las calles de Honduras, convirtiendo el cuidado del calzado en un oficio que trasciende la limpieza de zapatos y forma parte de la historia urbana del país.
Aunque sus orígenes se remontan a la Inglaterra del siglo XVIII, esta actividad comenzó a consolidarse en Honduras a partir de la década de 1920, impulsada por el crecimiento comercial y urbano de ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Un oficio que unió generaciones
Con el paso de los años, los lustrabotas se organizaron en asociaciones para fortalecer su trabajo. En Tegucigalpa nació la Asociación de Lustreros de Honduras (Asolush) en 1976, mientras que en San Pedro Sula la Asociación de Lustrabotas Sampedranos (Asolus) fue creada en 1974.
Durante muchos años, sus puestos fueron mucho más que lugares para limpiar zapatos: se convirtieron en espacios de encuentro donde clientes y trabajadores compartían conversaciones, noticias y anécdotas de la vida cotidiana.
Una tradición que lucha por mantenerse
El aumento del uso de calzado deportivo, la disminución de empleos que requieren zapatos formales y los cambios en la dinámica comercial han reducido considerablemente la clientela de los lustrabotas.
A pesar de ello, muchos continúan ejerciendo el oficio con la misma dedicación de generaciones anteriores, preservando una tradición que combina trabajo, paciencia y atención al detalle.
Fuente: latribuna.hn
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