
17/02/2026
Tegucigalpa (Especial Proceso Digital /Por Lilian Bonilla) – Honduras, uno de los países más vulnerables al cambio climático en el mundo, enfrenta una cadena creciente de impactos ambientales que ya se traducen en graves consecuencias sociales y económicas.
Desde la invasión masiva de sargazo en Roatán –y ahora en Utila– hasta la contaminación crónica por basura en Omoa, pasando por huracanes, sequías, inundaciones y erosión costera, los fenómenos naturales extremos se han vuelto más frecuentes e intensos, dejando pérdidas millonarias cada año, afectando el turismo, la pesca, la infraestructura, los sectores agrarios; la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida de miles de familias que incluso son desplazadas.
La falta de planificación, prevención y políticas ambientales sostenibles mantiene al país en un estado de reacción permanente, mientras la naturaleza continúa enviando señales claras de un deterioro acelerado que ya no puede seguir ignorándose.

El reciente sargazo en las islas
Las playas de Roatán, especialmente en la zona de West Bay, han sido durante décadas sinónimo de aguas cristalinas, arrecifes accesibles y postales paradisíacos.
Sin embargo, en las últimas semanas, turistas nacionales y extranjeros se encontraron con un escenario muy distinto: la orilla cubierta por grandes cantidades de sargazo, acompañado de un fuerte olor y aguas turbias que impidieron actividades como el snorkel. La imagen no solo impactó al visitante, sino que encendió una alarma más profunda sobre la vulnerabilidad ambiental de Honduras frente al cambio climático.
El sargazo no es un fenómeno nuevo. “Toda la vida ha venido a Roatán”, afirma el biólogo marino Roberto Guerra, residente en la isla y consultado por Proceso Digital. No obstante, aclara que lo ocurrido recientemente no tiene precedentes por su magnitud.
Según explica, la intensidad y frecuencia de los frentes fríos registrados en el norte de Canadá y Estados Unidos durante enero y parte de febrero generaron fuertes vientos de norte a sur, que empujaron grandes masas de esta alga flotante hacia el Caribe hondureño.
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“Estas algas son arrastradas por las corrientes marinas hasta que pegan en la parte costera y se forma como un dique. Ya estamos viendo efectos claros del cambio climático”, señala Guerra.
A esta explicación se suma la visión de la bióloga y especialista en vida silvestre Rosario Acosta, quien advierte que el fenómeno del sargazo se ha intensificado a nivel regional por el aumento de nutrientes en el océano, especialmente fósforo y nitrógeno, provenientes de grandes ríos como el Amazonas. Esta combinación ha dado origen a lo que la ciencia denomina la franja del sargazo, una enorme acumulación que se desplaza por el Atlántico hasta el Caribe.
“El sargazo siempre ha existido, pero los humanos hemos acelerado las condiciones para su proliferación masiva, sobre todo por la contaminación y nuestras actividades antropogénicas”, explica Acosta.

Impacto ambiental, turístico y económico
La acumulación de sargazo tiene efectos directos en el ecosistema marino y en la economía local.
“Cuando hay una capa de sargazo no se puede entrar al mar. Provoca irritaciones, alergias, no hay claridad y no se aprecia la belleza del arrecife”, relata Guerra. En casos como este el resultado inmediato es la cancelación de reservaciones, la reducción del flujo turístico y pérdidas económicas significativas.
El problema se agrava cuando el sargazo comienza a descomponerse. “Se pudre rápido, genera un olor fétido y libera gases que pueden afectar a personas susceptibles, especialmente con alergias”, añade Acosta.
Además, ambos especialistas advierten sobre la alteración física de las playas. La recolección apresurada y sin protocolos, así como la acumulación prolongada, provoca pérdida de arena y una “desconfiguración” de la franja costera.
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