
Olvidar nombres, perder llaves o no recordar detalles recientes son situaciones que muchos experimentan con la edad, pero un nuevo mega-análisis internacional ha revelado que la pérdida de memoria va mucho más allá del tradicional foco en el hipocampo.
El estudio, publicado en Nature Communications, integró más de 10.000 resonancias magnéticas y 13.000 pruebas de memoria de adultos sanos en distintas etapas de la vida. Liderado por Didac Vidal-Piñeiro, Øystein Sørensen y Marie Strømstad, con colaboración de la Universidad de Oslo, el Max Planck Institute y la Harvard Medical School, buscó identificar los cambios estructurales en el cerebro que acompañan al envejecimiento cognitivo.
Más allá del hipocampo: una red distribuida
Durante años, la ciencia vinculó la pérdida de memoria principalmente a la atrofia del hipocampo, estructura clave para consolidar recuerdos. El nuevo análisis confirma la sensibilidad del hipocampo al paso del tiempo, pero demuestra que la memoria depende de una red distribuida que involucra regiones corticales y subcorticales del cerebro.
“El vínculo entre el envejecimiento del cerebro y la pérdida de memoria no es lineal ni simple, sino que refleja una vulnerabilidad estructural global”, explicó el neurólogo Álvaro Pascual-Leone, del Hinda and Arthur Marcus Institute for Aging Research.
Los datos muestran que quienes presentan pérdida de tejido cerebral por encima del promedio experimentan un declive acelerado en su capacidad de recordar. La relación entre encogimiento cerebral y deterioro cognitivo se observa tanto en portadores del gen APOE ε4, asociado al Alzheimer, como en el resto de la población.
Factores que modulan la memoria
El estudio también identificó que genética, estilo de vida y condiciones médicas previas influyen en la velocidad y severidad del deterioro cognitivo. Además, hábitos como la actividad física, la estimulación cognitiva y el cuidado de la salud vascular pueden modular la trayectoria de la pérdida de memoria, abriendo la puerta a estrategias de prevención y medicina personalizada.
Hacia diagnósticos más tempranos
La integración de datos masivos permitió definir biomarcadores estructurales capaces de predecir qué personas tienen mayor riesgo de deterioro. Los autores destacan que comprender la arquitectura cerebral subyacente a la vulnerabilidad de la memoria cambiará la forma de diseñar políticas de salud y programas preventivos.
Este mega-análisis marca un antes y un después en la comprensión del envejecimiento cerebral: la pérdida de memoria no depende de una sola estructura aislada, sino de una red de regiones interconectadas cuya integridad se erosiona con el tiempo.
El hallazgo refuerza la importancia de adoptar estilos de vida saludables y estrategias de estimulación cognitiva desde edades tempranas para retrasar o mitigar el deterioro cognitivo en la vejez.
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