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«Vivimos hiperconectados y eso permite que controlen nuestra mente»

Una mujer tocando una pantalla

«La geopolítica actual va mucho más allá de los límites geográficos concretos para convertirse en el ejercicio de un geopoder con ambiciones universales. Se materializa en la permanente rivalidad por el control de toda la humanidad. Y la forma mejor, la más completa, de lograr dicho control es actuar sobre la mente de las personas, lo que hoy es más sencillo que nunca gracias a las nuevas tecnologías».

Así comienza «El Dominio Mental» (Ed. Ariel), el nuevo libro del experto en geopolítica Pedro Baños. Se trata de un libro de 542 páginas en el que, con profundo detalle, este coronel del ejército español en la reserva que ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo del Ejército Europeo de Estrasburgo detalla las variadas técnicas que utiliza el poder para controlar nuestras emociones.

«Porque quien consigue controlar nuestra mente consigue el poder», sentencia Baños.

Su nuevo libro se titula «El dominio mental». ¿Realmente podemos ser dominados a través de la mente?

Sí, con rotundidad. Hay que pensar que ese conjunto formado por la mente y el cerebro -hablaríamos tanto de la parte etérea como de la parte física- es nuestro centro de mando, donde se regula absolutamente todo.

Y cuando digo todo, me refiero a los pensamientos, a nuestras acciones, a nuestras decisiones… Por tanto, quien es capaz de controlar ese centro de mando, controla individuos y sociedades completas.

¿Esa forma de control es nueva?

Siempre se ha intentado ese control de la mente a lo largo de la historia a través de múltiples sistemas. Hoy en día, la gran diferencia es la tecnología.

Vivimos en un mundo hiperconectado en el que estamos permanentemente inmersos en medios electrónicos. Y esa hiperconexión permite no sólo el control mental, sino que sea mucho más intenso en todos los órdenes. Esta es la gran diferencia.

De hecho, hasta los ejércitos están cambiando sus denominaciones. Antes, por ejemplo, hablaban de operaciones psicológicas, y hoy en día se las llama operaciones de influencia y buscan precisamente actuar ya no solamente sobre las mentes de los combatientes o los militares sino cada vez más en las de la población civil.

¿Qué saben de nosotros? Porque me imagino que para poder controlarnos antes tienen que conocernos….

Esa es la clave. Evidentemente, para poder controlarnos y dirigirnos, lo primero es hacer una vigilancia sobre nosotros.

Hoy en día lo saben todo de nosotros, incluso saben cosas que ni nosotros mismos sospechamos. Establecen perfiles psicológicos sobre nosotros tan perfectos que probablemente ni siquiera nosotros seamos conscientes de que ese es nuestro perfil psicológico.

Saben cosas de nosotros que ni siquiera nuestro círculo más íntimo, incluso nuestra familia, conoce.

Todo lo que hacemos en los medios electrónicos, dentro de esta hiperconectividad, va dejando un rastro, va dejando una huella. Y todos esos millones datos, que son analizados por algoritmos, por la inteligencia artificial, permiten establecer esos perfiles psicológicos.

Y una vez que se tiene ese perfil sobre cada uno de nosotros, se puede actuar para condicionarnos mentalmente tanto de forma individual como de forma colectiva: por barrios, por regiones, por provincias…

¿Nos puede dar algún ejemplo de cómo, a través de la información que disponen de nosotros, nos llegan a controlar?

Eso lo estamos viendo ahora mismo, por ejemplo, con los procesos electorales. Lo acabamos de ver en Estados Unidos.

Manos en un laptop
Los «likes» que damos son parte de la información que ofrecemos sobre nuestros gustos.

La hipervigilancia se realiza con datos que además no hace falta que nos obliguen a darlos, nosotros voluntariamente aportamos una cantidad ingente de datos sobre nosotros mismos, por ejemplo, dónde vivimos, lo que gastamos, en qué lo gastamos, el coche que tenemos, las relaciones que mantenemos, a quién damos likes, a qué personas seguimos….

Y con toda esa información se establece un perfil psicológico sobre nosotros que, entre otras cosas, permite apuntar nuestra intención de voto, aunque nosotros todavía no lo tengamos demasiado claro.

Y una vez que tienen este perfil de voto, lo que hacen es intentar condicionarnos, sobre todo a aquellas personas que se entiende que pueden tener dudas, que pueden todavía no tener muy claro si inclinarse hacia un candidato o hacia otro….

A partir de ese instante, a esa persona se le empiezan a mandar mensajes personalizados o, como ha pasado en Estados Unidos, se le insiste hasta la saciedad en que vote, se le llega a mandar a su domicilio hasta diez veces las papeletas para que vote por correo. De ese modo se condiciona el voto, y se sabe perfectamente a quién se tiene que condicionar.

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